Cargue mis cosas y corri de mi refugio, sediento de sol, harto de lo mismo.
Camine al fin, desequilibrado y contento, mirandome en los vidrios y sonriendo a la gente.
Liberado, por fin. Tengo que confesar, necesitaba correr, necesitado de imagenes y algo distinto.
Me fui sin avisar y desapareci, solo. Aventurado tome la primer calle y sonrei, no me importo.
Me siento solo, lo se, pero anochezco y despierto con las mismas caras, ya no es divertido.
Los quiero, pero me gusta la soledad y es mi droga, no todo esta ordenado como antes y yo no puedo apretar bien ese almohadon como solia hacerlo.
Esta bien, lo prometieron, pero yo no lo entiendo.
Ahora camino, desnudo y abrazado al frio viento, divago y cuento las baldozas de la vereda.
Las llaves, al fondo de mi bolsillo tiritan y abro la puerta necesitado. Tiro la almohada y aprecio la vista desde el balcon.
Respiro hondo y olvide lo que venia a hacer aqui. Me siento en una silla y me voy hacia la otra, acaricio al gato y floto por ahi. Me visto y me desvisto varias veces, miro el oceano por la ventana y dejo caer una larga y tibia lagrima.
Tan loco como para tirarme, tus ojos me llaman y gritan desde lo profundo, tan loco como para dejarlo todo de una vez. Todo el mundo miente, incluso ese, el, tu, ella.
Decian, eres un pez demasiado grande. Y hoy, me encuentro solo, en medio de la jungla y me encanta y me mareo enloquecido, ciego.
Soy un robot, soy una maquina, fria, calculadora y siento a la vez. A veces, amo.
Soy un pequeño sistema, vestido de alguien que quiza conoci y trato de relacionarme, aunque no los entiendo, aunque algo prudente trato de aprender.
Quiza hoy, por esto estoy aqui, sentado mirando la pared de luces frente a mi. Meditando.
Arrojando colillas y otras pocimas por la ventana, revolcado, holgazaneando y con pocas ganas de volver.
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